Navio Pirata de BaianaSystem en la orilla de Salvador
Pausa en la hiperconexión digital

Foto: Máquina de Loucos · Navio Pirata (BaianaSystem) · Revista Fórum

Revista Fórum · Opinión · 26 de junio de 2026 Leer en Revista Fórum

Bahía o Berlín: el ear-body de Tim Ingold entre Berghain y BaianaSystem

El ear-body de Tim Ingold coemerge en Berlín y en Bahía — el rechazo de la hiperconexión digital como condición para la presencia sin prótesis, sin pantalla entre el cuerpo y el acontecimiento.

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La Pausa

En Berlín y en Bahía, sin relación directa alguna entre sí, dos fenómenos coemergen como respuesta al mismo agotamiento: el rechazo de la hiperconexión digital como condición para la presencia sin prótesis, sin médium, sin pantalla entre el cuerpo y el acontecimiento. El Berghain prohíbe los celulares en la pista. El Navio Pirata de BaianaSystem desplaza multitudes por las calles de Salvador en un cuerpo que no se deja capturar por ningún encuadre. En ambos casos, la Pausa es eso: el instante en que humanar deja de ser estado y vuelve a ser verbo.

Solo porque escuchamos es que el mundo puede hablarnos, con voces propias. Y es en nuestros oídos — y solo en ellos — donde el crujir de los árboles, el aullido del viento y el bramido del trueno cobran vida. En esos mismos oídos, esas voces se unen en coro, moviéndonos a responder en habla y canto, en los idiomas resonantes de la poesía y del mito. [...] ¿Y si buscáramos aquí las raíces del lenguaje — en la responsividad a la posesión, y en la responsabilidad que la acompaña de mantener el contrapunto coral en algún tipo de armonía? Esa responsabilidad no vuelve al humano dominante, sino vulnerable. Y es en esa vulnerabilidad donde reside su excepcionalidad.

— Tim Ingold, How the World Makes Itself Heard, ensayo inédito

Berghain y Navio Pirata

A primera vista, poco parece aproximar el Berghain, en Berlín, al BaianaSystem y su Navio Pirata, que atraviesa las calles de Salvador durante el carnaval. Uno ocupa una antigua central eléctrica transformada en espacio de música electrónica. El otro se desplaza por la ciudad acompañado de una multitud. Los paisajes sonoros son distintos. Las historias también. Aun así, ambos producen experiencias que no se dejan reducir fácilmente a su representación.

En el Berghain, la fila forma parte del acontecimiento. Horas de espera sin garantía de entrada anteceden la travesía de una puerta tras la cual las cámaras de los celulares son cubiertas y la producción de imágenes deja de ocupar una posición central. Durante algunas horas, la experiencia deja de estar organizada por la lógica permanente del registro. La atención retorna al acontecimiento.

En el Navio Pirata, el acontecimiento no se encuentra en un punto fijo. Recorre la ciudad y la multitud se mueve con él. En determinados momentos, un claro se abre en el interior del flujo humano. Un joven gira, sacude el cabello, rueda sobre sí mismo. El espacio vuelve a cerrarse. La rueda reaparece. Se disuelve nuevamente. Cuerpos avanzan, retroceden, se cruzan y se reorganizan continuamente. Nada parece obedecer a una coreografía centralizada y, aun así, el conjunto adquiere ritmo, dirección y consistencia propios.

La afinidad

La afinidad entre Berghain y BaianaSystem se encuentra justamente en ese punto.

Lo que emerge en ambos casos no es solo una experiencia musical. Se forma algo próximo a un cuerpo colectivo temporal, constituido por las relaciones que se establecen entre quienes participan del acontecimiento. Los cuerpos permanecen singulares, pero pasan a integrar una misma atmósfera. El movimiento adquiere otra escala. La atención se distribuye de otra manera. El propio espacio pasa a ser vivido según ritmos diferentes de los que organizan la experiencia cotidiana.

El oído que deja de ser órgano

Esa observación ayuda a comprender la potencia de la noción de ear-body propuesta por Tim Ingold en How the World Makes Itself Heard (Cómo el Mundo se Hace Oír), ensayo aún inédito gentilmente compartido por el autor. El oído deja de aparecer como órgano especializado encargado de recibir sonidos provenientes de un exterior previamente dado. Escuchar pasa a designar una forma de atención distribuida por un campo de relaciones. El sonido integra la atmósfera compartida que constituye simultáneamente el ambiente y a quienes lo habitan.

La formulación se vuelve aún más interesante cuando se asocia al concepto de wayfaring. Caminar, para Ingold, significa habitar líneas que se forman a lo largo del recorrido. El camino emerge de la propia relación entre movimiento, ambiente y atención.

Forasteiro y la travesía

En esa dinámica, Forasteiro, de BaianaSystem, adquiere centralidad. La música convoca una experiencia de travesía como permanencia en un recorrido que se transforma a medida que es vivido. El camino se vuelve parte del acontecimiento.

Henri Bergson reconocería en esa experiencia algo fundamental. La duración no corresponde a la sucesión de instantes aislados que pueden archivarse uno a uno. Constituye el propio flujo de la vida. El presente carga aquello que fue vivido y permanece abierto a lo que aún puede emerger. La memoria continúa aconteciendo dentro de la experiencia.

Determinadas experiencias colectivas permanecen difíciles de explicar a quien no estuvo presente porque parte de lo que en ellas ocurre pertenece al orden de la duración, del recorrido y de la travesía.

Más allá del escenario y del público

Lo que ocurre en esos espacios difícilmente se acomoda a las clasificaciones que tradicionalmente organizaron la experiencia estética. Entretenimiento, diversión, espectáculo, arte y producción cultural continúan presentes, pero ya no aparecen como compartimentos estancos. La relación entre quienes producen y quienes participan se vuelve más dinámica, y el acontecimiento adquiere densidad precisamente a través de esa interacción.

Experiencias como el Berghain y el Navio Pirata hacen visible una transformación significativa. La separación entre escenario y público deja de funcionar como principio organizador absoluto. La presencia de los participantes integra el propio acontecimiento. Las inquietudes que atravesaron a Antonin Artaud acerca de la distancia entre representación y presencia reaparecen bajo configuraciones distintas, incorporadas a las prácticas culturales contemporáneas y a las formas colectivas de ocupación del espacio, del tiempo y de la atención.

El ear-body descrito por Ingold en su ensayo inédito resuena como reflexión sobre la duración de la presencia compartida. Escucha, atención, movimiento y ambiente integran un mismo campo de relaciones que conecta cuerpos, ritmos, recorridos y atmósferas. El cuerpo colectivo que emerge en esas experiencias se forma y se transforma continuamente a través de las relaciones que lo atraviesan, adquiriendo consistencia en la propia dinámica del acontecimiento.

To human is a verb

En ese movimiento, la duración de Bergson, la correspondencia de Ingold y la fuerza evocativa de Forasteiro convergen hacia un mismo terreno. La multitud pasa a manifestarse como configuración relacional en permanente formación. Ritmos, movimientos y atenciones se distribuyen por el conjunto, produciendo una presencia compartida cuya existencia coincide con el propio acontecimiento.

No hay sustantivo que baste para nombrar lo que sucede en el Berghain o en el Navio Pirata. Hay solo el gesto, en curso, de hacerse humano otra vez. No por casualidad, Ingold nombró esa intuición con una frase que es también título: to human is a verb.